El tercer programa de la temporada 24/25 de la Euskadiko Orkestra se estrenó en el Kursaal con la participación de Kristiina Poska como directora y Baiba Skride como violín solista.
A las 19:30 h del viernes, la anacrusa de la directora estonia Kristiina Poska daba inicio a un programa comprendido entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. La obra que inauguró el programa fue la suite de Peleas y Melisande de Gabriel Fauré en su habitual interpretación en cuatro movimientos. En el primer movimiento se pudo comprobar la delicadeza de la interpretación; un ejemplo es el fragmento inicial, donde la sección de contrabajos ejecutó unos pizzicati precisos en el pasaje musical. La escritura de Fauré permite una fácil comprensión del fraseo musical, que los intérpretes de la Euskadiko Orkestra saben traducir con éxito en su actuación. Sin embargo, esta fácil comprensión en la escritura no está reñida con la dificultad de algunos pasajes, como el inicio del segundo movimiento, donde los primeros violines ejecutaron un fragmento difícil de distinguir en el pianissimo, con compases complicados para una interpretación limpia. Con este inicio de programa, hay que destacar a los solistas Bruno Claverie e Iván Bragado, que dieron inicio a un tercer movimiento icónico en la literatura orquestal.
También llama la atención el gesto de la directora Kristiina Poska, ya que emplea la mano izquierda para sostener la batuta, una práctica poco común incluso entre los directores zurdos. Su técnica, en ciertas ocasiones, parece distanciarse de la orquesta, y a su vez demuestra una comprensión musical madura, especialmente en la interpretación de la segunda parte del concierto.

La segunda de las obras del programa requería de la violinista Baiba Skride, que interpretó el Concierto para violín de Schumann. Las características de este concierto se traducen en una estructuración atípica y una escritura peculiar para la parte solista. La escritura de las dobles cuerdas requiere de una técnica pulida para la ejecutante. También cabe subrayar que la interacción entre solista y orquesta, pese a tener un acompañamiento aparentemente sencillo, se debe abordar de forma correcta, ya que las grandes fluctuaciones de tempo podían repercutir en el acompañamiento. No es el caso de la interpretación de la Euskadiko Orkestra, ya que se pudo escuchar una correcta compenetración entre la solista y las indicaciones de la directora para guiar a la orquesta. La interpretación de Baiba Skride recibió una calurosa y merecida ovación al final de la pieza.

Tras una pequeña pausa, se retomó la actividad musical en el Kursaal con la Sinfonía nº 5 de Jean Sibelius. Con la interpretación del compositor finlandés, Kristiina Poska demostró un dominio absoluto de la obra. La directora estonia defendió su propuesta interpretativa sin el uso de la partitura y guió con acertada intuición a la Euskadiko Orkestra. En esta obra se pudo comprobar una escritura de la cuerda más idiomática que la que proponía Schumann en su concierto, y una estructuración discursiva que lleva a la plenitud de un tutti final con características resonantes, terminando con los últimos 6 acordes conclusivos que dan fin a la obra. Desgraciadamente, el sonido de un móvil en el patio de butacas interfirió en el disfrute final. Un hecho común en los auditorios, ya que la media de edad corresponde a una generación con dificultades comprensibles para usar smartphones, pero tal vez ese sea un problema a tratar en futuros artículos.
Reseña de Álvaro Pérez Sánchez
