El primer programa del año de la Euskadiko Orkestra reúne al director Jaime Martín y a la soprano Rachel Willis-Sørensen. Un concierto que combina obras de Arriaga, Strauss y Brahms.
En 2026 se conmemora el bicentenario de la muerte de Juan Crisóstomo de Arriaga, pese a su prematuro fallecimiento su obra ha perdurado hasta nuestros días. Tal vez la obra escogida para el homenaje es la más interpretada: La obertura de Los esclavos felices.
Jaime Martín inició el concierto con un gesto escueto, indicando solo aquellas líneas de expresión que interesaban en cada momento, mostrando un fraseo controlado y enmarcado dentro del estilo. Una pieza desenfadada donde la orquesta presentaba el inicio de su cuarto programa, con una formación reducida y ajustada a un sonido más vinculado a la época de composición.
Tras la interpretación de Los esclavos felices la orquesta incrementó su tamaño para interpretar junto a Rachel Willis-Sørensen los Cuatro últimos Lieder de Richard Strauss. La soprano estadounidense destacó por la calidad de su timbre y la cohesión con la agrupación. Una voz que resaltaba entre la orquesta incluso en las dinámicas más reducidas. La propuesta de Willis-Sørensen ofrece una expresión sutil, en la que deja margen a los reposos en las cadencias.

El director cántabro supo controlar a la orquesta con una sonoridad estable, aunque las cuatro canciones siguen presentando un reto. Prueba de ello son las culminaciones donde Strauss escribe un pianissimo en toda la orquesta, como el final del segundo lied: September. Teniendo una amplia gama de ejecutantes con distintas emisiones incrementa la posibilidad de desajustes entre las distintas familias instrumentales.
El programa se completó con la interpretación de la Sinfonía nº4 de Johannes Brahms. Una de las sinfonías de repertorio con una construcción discursiva más destacable. La versión que propuso Jaime Martín se desarrolló con un primer movimiento estable con una ejecución de los sforzati y los acentos marcados, donde las cuerdas daban recorrido a la totalidad del arco. El segundo movimiento desarrolló el melodismo iniciado por las trompas, donde la dirección y el tempo escogido permitió una escucha fluida y alejada de un movimiento demasiado lento. La ejecución del tercer movimiento estuvo guiada por una rápida anacrusa que mantuvo la atención del oyente hasta iniciar el coral de vientos del cuarto movimiento.
De este modo concluyó el cuarto programa de la temporada, con un equilibrio entre las distintas obras, que mantienen al espectador atento por los cambios de disposición y sonoridad. Un programa que recorrerá las distintas ciudades programadas ofreciendo una noche de buena música.
Reseña de Álvaro Pérez Sánchez
