Recuerdo de tiempos de guerra  – Sexto programa de la Euskadiko Orkestra 

Ana María Patiño debutó con la Euskadiko Orkestra presentando un programa focalizado en compositores rusos, el estreno de Guernica de Félix Ibarrondo y la intervención de la violinista Bomsori.

Tras observar el programa de mano llama la atención la elección de obras propuestas para la gira de conciertos del sexto programa. Un recorrido por compositores rusos del siglo XIX que contrasta con el estreno de la última obra orquestal de Félix Ibarrondo. 

La obertura de Ruslan y Ludmila encabezaba la propuesta artística de la Euskadiko Orkestra. Un despliegue enérgico con toda la sección de cuerdas mostró una ejecución rápida donde se debía garantizar una unificación clara en el diseño de los pasajes al unísono. En los cinco minutos iniciales se pudo constatar la energía con la que se desarrollaría el resto del concierto. El gesto de Ana María Patiño demostró carácter fugaz y estimulante en las secciones más rápidas, permitiendo ser clara y precisa en los momentos que más lo requerían. 

La segunda de las obras necesitaría la intervención de la solista surcoreana Bomsori, quien interpretó el Concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky. Ya en el primer movimiento se pudo constatar la ejecución técnica que desplegaba la solista. Un concierto especialmente difícil y dotado de una fama que atrae a los melómanos iniciados. Durante el primer movimiento el público donostiarra pudo contener la emoción durante la exitosa cadencia. No ocurrió lo mismo tras finalizar el segundo movimiento, donde los oyentes estallaron intensamente con un aplauso como si se tratase del final de una obra. El Finale no dejó indiferente al público del Kursaal, quien impulsó con una gran ovación a la violinista, que ejecutaría dos bises tras recibir el aplauso.

Una de las motivaciones más destacables para acudir al concierto fue el estreno de Guernica de Félix Ibarrondo. Una oportunidad de poder escuchar música actual en formato orquestal, algo que parece una anomalía y debe ser resaltado cada vez que ocurre. Ibarrondo, a sus 82 años, presentó una pieza motivada por la dimensión “emotiva y simbólica” del suceso, tal y como se apunta en las notas al programa. 

La pieza se compone de cinco movimientos en los que la formación pudo desenvolver distintas combinaciones alejadas de una orquestación habitual y común. Se intercalan solos aislados con pasajes que pueden tener una intención más camerística, aunque se puede constatar que no presenta ningún tutti con dimensiones masivas donde se requiere una gran sonoridad orquestal. Contrasta la utilización de ritmos claramente definidos con aquellos diseños que se presentan de forma abstracta, oscureciendo la definición de materiales. Lo mismo ocurre con la armonía, donde se pudo escuchar la ejecución de pasajes donde no se identifica un rol con una direccionalidad nítida. La pieza se excedió más allá de los 7 minutos que señalaban las notas al programa. Este tiempo se sumaría al total del concierto, que superaría las dos horas de concierto. Unas dimensiones tal vez excesivas, aunque hubiese grandes razones para permanecer en la butaca. 

Para finalizar el concierto se interpretó Cuadros de una exposición de Modest Mussorgsky, en la versión orquestada por Maurice Ravel. Una interpretación donde destacó la ejecución de los solistas, que interpretaron de forma formidable cada uno de sus pasajes más emblemáticos, para finalizar con una gran masa orquestal con La gran puerta de Kiev. En este último movimiento se constató una sonoridad de grandes dimensiones con toda la plantilla instrumental, provocando un estallido de aplausos por parte del público. Este final de concierto de la Euskadiko Orkestra se sumaba al final de la gira realizada en las anteriores ciudades y con el que se cerraba la última interpretación del sexto programa. 

Reseña de Álvaro Pérez Sánchez

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