Participación y sinfonismo – Euskadiko Orkestra 

El Kursaal recibía el último concierto de la gira de la Euskadiko Orkestra, con un programa que combinaba el proyecto Abestu Euskadiko Orkestrarekin con piezas de Robert Schumann y Ottorino Respighi.

El proyecto Abestu Euskadiko Orkestrarekin daba inicio al concierto de la tarde del miércoles. Este proyecto creado en la temporada pasada busca la participación de cantantes aficionados junto a la Euskadiko Orkestra. De este modo, 132 participantes se incorporaron a la formación orquestal para interpretar tres piezas breves: Gloria in excelsis Deo de Vivaldi, Euskalerria de Sorozábal y el coro Les voici, les voici! de la ópera Carmen de Bizet. 

Aunque inicialmente la selección de obras con coro no guarda ninguna relación con el programa, este formato presenta una actividad interesante. Se habitúa, aunque sea de forma puntual, al conocimiento de la formación orquestal. Este recurso puede ser un aliciente para acercar la gran tradición coral de la región con la música orquestal y crear vínculos que puedan incrementar una mayor actividad musical y aumento del público.

Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

Tras este breve preludio tuvo lugar uno de los encuentros más esperados de la tarde, la participación del violonchelista Johannes Moser. El solista germano-canadiense interpretó el Concierto para violonchelo de Robert Schumann. Una composición que data de 1850 y que se estrenaría una década más tarde de forma póstuma. En este particular concierto se puede intuir una curiosa diferencia respecto a otras propuestas concertantes del repertorio de cuerdas. La estructura que presenta genera una ligera ambigüedad que lo clasifica como único. 

Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

Tal vez en otro tipo de conciertos se pueden escuchar temas más diferenciados o una división por movimientos más evidente. Sin embargo, este hecho no ocurre en el Concierto para violonchelo de Schumann. Este rasgo también se puede apreciar en el Concierto para violín, que fue interpretado la temporada pasada. En la interpretación de Johannes Moser podemos ver una coherencia en el discurso, donde el fraseo se presenta de forma natural y sin expresiones desmedidas. Moser prestó atención a una sonoridad íntima que combina con el melodismo del concierto, sin excederse en virtuosismos innecesarios. 

La segunda parte del concierto presentaba dos de las obras más emblemáticas del compositor italiano Ottorino Respighi: Fontane di Roma y Pini di Roma. Esta fue la razón (probablemente) de asignar al director Riccardo Frizza como encargado de coordinar a la Euskadiko Orkestra en esta gira. Frizza supo abordar el repertorio con franqueza y seguridad, generando una gran escala dinámica, donde se pudo escuchar un piano que rozaba el silencio y un forte equilibrado. 

Las dos obras fueron acompañadas con subtítulos en euskera y castellano, para reforzar el carácter programático de la música y que tan presente está en la obra de Respighi. 

Y entre dinámicas sutiles cabe destacar la interpretación del clarinetista Luis Cámara, quien ejecutó el conocido pasaje del tercer movimiento de Pini de Roma con una delicadeza ejemplar. Con esta misma delicadeza se enlazó hacia el cuarto movimiento donde la sonoridad de la pieza evolucionaría a su punto más álgido, donde la fuerza de los metales y la insistencia de los trémolos provocaron una gran ovación en el público donostiarra. 

Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

Reseña de Álvaro Pérez Sánchez

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