De la quietud al sinfonismo – Euskadiko Orkestra

La Euskadiko Orkestra finaliza la gira de conciertos en Donostia con un atractivo programa. El director Alexander Liebreich fue el encargado de guiar a la orquesta con obras de Bach, Strauss y Mendelssohn. 

La estandarización de la formación orquestal facilitó la realización de composiciones específicas para esta agrupación. Sin embargo, este hecho también provoca un progresivo abandono de formaciones utilizadas anteriormente. De ahí que no sea habitual interpretar música de Bach en las programaciones de orquesta, ya que existe una instrumentación diferenciada de los estándares actuales de las grandes formaciones sinfónicas. En cambio, optar por un inicio de programa con una obra de plantilla reducida fue una solución acertada. 

Desde Mikrokosmos se respalda la música actual cuando su programación es insuficiente, pero también con aquella que no goza de una gran repercusión en las orquestas. El efecto de las dos primeras piezas del programa resultó abrumador al pasar de una formación de ensamble para la cantata Ich habe genug de Johann Sebastian Bach a un extremo orquestal como Tod und Verklärung (Muerte y transfiguración) de Richard Strauss. 

Con la cantata de Bach se pudo constatar un fraseo moderado, con la sonoridad solemne del bajo Markus Volpert. Una voz que combinó de forma espléndida con las líneas melódicas que realizó Javier Lecumberri al oboe. Los balances fueron acertados y la sonoridad favoreció la atención de un auditorio que permaneció en silencio hasta el final de la cantata. 

El Orfeón Donostiarra junto a la Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

En la segunda obra del programa el contrapunto “bachiano” fue sustituido por el sinfonismo de Richard Strauss. Una composición en la que Alexander Liebreich logró acompañar de forma satisfactoria a la orquesta. La multitud de planos sonoros dificulta los balances entre las distintas secciones de la agrupación, además de las dificultades técnicas que suponen algunos pasajes, como el tutti pianissimo de los dos últimos acordes. Este hecho no fue un impedimento para conducir a la Euskadiko Orkestra a los distintos clímax que presenta la partitura de Strauss. Este tipo de fraseos de grandes dimensiones solo pueden abordarse con una comprensión bien interiorizada de la partitura, que Liebreich supo manejar.

La segunda parte del concierto multiplicó la plantilla orquestal por exigencias de la composición programada: Die erste Walpurgisnacht (La primera noche de Walpurgis) de Felix Mendelssohn. El Orfeón Donostiarra se incorporó junto a los cuatro solistas: Sophie Harmsen, Werner Güra, Florian Boesch y Markus Volpert. La ejecución por parte del Orfeón Donostiarra fue ejemplar. El trabajo del texto resultó en una sonoridad unificada de todas las consonantes, que se escuchaban de forma clara y precisa. Liebreich supo dar suficiente espacio a la formación coral, que deslumbró en la interpretación de la obra de Mendelssohn. La interpretación de los solistas fue destacable, con una exposición de los roles que combinaba perfectamente con los timbres de cada una de las voces. 

El público donostiarra supo agradecer el trabajo de los intérpretes con una gran ovación. Un programa realmente ameno, con una diversidad de formatos y buena música. 

Interpretación de Die erste Walpurgisnacht por la Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

Reseña de Álvaro Pérez Sánchez

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