Un cierre de temporada memorable – Euskadiko Orkestra

Euskadiko Orkestra finaliza la temporada 25/26 con un concierto memorable en el que se interpretaron obras de Prokofiev y Tchaikovsky. El concierto contó con la participación de Boris Giltburg como solista y Michal Nesterowicz en la dirección.

El Concierto para piano nº3 de Prokofiev fue la obra escogida para iniciar la tarde del lunes día 8 de junio. Este mismo programa ya había sido interpretado en las ciudades de Pamplona y Bilbao, y llegaba a la ciudad de Donostia en su primera de sus dos actuaciones programadas. Boris Giltburg deslumbró con Prokofiev al piano. En el primer movimiento se pudo escuchar la determinación y la solidez en su interpretación. Giltburg fue capaz de guiar al oyente con una interpretación especialmente cohesionada con la orquesta. Parte de esta cohesión estuvo garantizada por el director Michal Nesterowicz, quien supo acompañar al pianista israelí con una precisión ejemplar. Las decisiones estilísticas compartidas por Giltburg y Euskadiko Orkestra evidenciaron un claro trabajo de unificación que se representó por medio de una sorprendente interpretación. El público asistente no tardó en ovacionar la actuación del pianista, quien se mostró agradecido por el cariño recibido en el Kursaal. 

Boris Giltburg con la Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

La segunda parte estuvo reservada a la interpretación de la Sinfonía nº5 de Piotr Ilich Tchaikovsky, una de las piezas orquestales más conocidas del compositor ruso. Su interpretación forma parte del canon del gran repertorio sinfónico, pero la interpretación por parte de Euskadiko Orkestra guarda unos detalles que comentar. La sinfonía, de más de cuarenta minutos de duración, destacó por una organización del fraseo sorprendente. En el Concierto para piano de Prokofiev se pudo observar la maestría con la que Michal Nesterowicz guiaba a la formación, sin embargo, en la interpretación de Tchaikovsky fue sublime. Su dirección invita a un fraseo natural, con el que reserva los gestos más precisos para aquellos fragmentos en los que se necesita una mayor precisión. Dirigió la obra sin partitura (habitual entre muchos directores), sin embargo, Nesterowicz tuvo un control absolutamente extraordinario de lo que estaba sucediendo en aquel mismo instante. 

El resultado mostró una unificación en los pizzicati de la cuerda, o una libertad necesaria para los solistas, y aunque la partitura de Tchaikovsky exige una sonoridad en los metales de “ffff”, supo contener la energía de la orquesta hasta puntos más determinantes. 

Michal Nesterowicz dirigiendo la Euskadiko Orkestra. Foto: Juantxo Egaña.

Y con Tchaikovsky termina una increíble temporada en la que se han podido escuchar grandes conciertos. Desde MIKROKOSMOS he podido cubrir toda la temporada ofrecida, disfrutando en cada uno de los conciertos e intentando aportar una visión reflexiva de todas las interpretaciones. 

Reseña de Álvaro Pérez Sánchez 

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